El Teatro Coliseum abrió de nuevo sus puertas después del descanso del mes de Julio, para comenzar con la segunda temporada de La Bella y la Bestia, y allí estaba yo, para disfrutar nuevamente de este mágico musical. Y digo bien, DISFRUTAR, así, con mayúsculas.
Nada más entrar en la sala, la iluminación y el telón bajado ya son preludio de ese cuento de hadas al que te vas a ver transportado durante dos horas y media.Basado en una historia escrita tres siglos atrás, este montaje tiene la capacidad de despertar al niño que todos llevamos dentro y llevarlo a un castillo encantado dónde puede cantar y bailar con tazas, teteras, plumeros y relojes.Una historia capaz de hacer reír, llorar y sobre todo soñar. Y la moraleja, un mensaje universal: no te dejes llevar por las apariencias, antes de juzgar tienes que llegar hasta el corazón. Y otro de mi cosecha: atrévete a no ser “uno más”, lo que te hace diferente es lo que te hace especial; no te resignes, piensa que la vida siempre puede darte más, piensa por ti mismo y busca más allá, algún día lo que crees imposible puede suceder.
El montaje, la escenografía , la dirección, el vestuario: perfectos.Los decorados son capaces de sacar el máximo partido a las dimensiones del escenario, con unos cambios perfectamente armonizados.La música y el libreto, de sobra conocidos, incorporan un tema nuevo: “Un cambio en mí”,que fue compuesto para Tony Braxton en su debut en Broadway. Pero sin duda, si algo hay que destacar es el trabajo de los actores y por encima de todos como siempre el gran Armando Pita. Una vez más me quito el sombrero ante este magnífico actor que fuese un romántico y valiente Raoul en El Fantasma de la Opera, y un pícaro, deslenguado e irreverente M.C. en Cabaret. Aquí interpreta a Lumiére, el mayordomo transformado en candelabro, francés zalamero y conquistador, contrapunto a la rigidez de Dindon (magnifico también Esteban Oliver) intentando que su “amo” sea capaz de conquistar a la chica para romper el hechizo y “ser humano, por fin, otra vez”.Es el conductor del número quizás más espectacular de la obra, “Qué festín” (Be our guest) recibiendo una merecida ovación.Genial Armando, enhorabuena por ese Premio Gran Vía como actor secundario recibido este año.
Julia Moller, magnífica como siempre, de hecho yo creo que en España ella será ya siempre “Bella”, (es la única que repite del elenco que participó en la versión anterior), perfecta en su papel de mujer inteligente e independiente, en un mundo donde los hombres mandan y las mujeres no deben pensar.
David Ordinas viene con fuerzas renovadas, le han sentado bien las vacaciones! A tope de voz, conmovedora una vez más su interpretación de “Si no puedo amarla”.Perfecta su evolución de bestia fiera y despiadada a enamorado torpe y patoso.
Me sorprendió gratamente Pablo Puyol, a quien no había visto como Gastón. Quizás fuese contratado como gancho por su participación en UPA Dance, pero la verdad es que lleva a cabo un trabajo muy bueno, más a nivel interpretativo que vocal, representando a la perfección al vanidoso e ignorante Gastón, enamorado más de sí mismo que de Bella.
En fin, emocionante el aplauso espontáneo ante la aparición del príncipe trasformado, que se repite cuando van apareciendo los habitantes del castillo ya como humanos. Ovación final con el público puesto en pie, para abandonar el teatro con una sonrisa de oreja a oreja y un poco más de ilusión en el corazón. Por qué será que los padres salen más felices que sus niños?